Los Pelos de la Mula; El Señor Lanz

Su muerte una gran pérdida para Ensenada

Nota publicada el 21 de diciembre de 2012
por Elizabeth Vargas

Con la muerte de Don Miguel Lanz Pérez éste jueves 20 de diciembre, se cierra un ciclo en el periodismo de Ensenada; se fue el maestro de muchos de los viejos reporteros, todos ellos ya fallecidos.

Don Miguel era un caballero y un hombre justo, un gran amigo, un esposo ejemplar, un padre amoroso y sobre todo un maestro paciente de cientos de jóvenes a lo que dio clases de humanidades y ética en CETYS.

Para mi, el señor Lanz, como le llamábamos en casa, era alguien a quien he admirado desde que me acuerdo y uno de los adultos a los que atosigaba con preguntas siendo niña en el Periódico El Mexicano, al que casi diario, iba al menos una vez al día con mi papá, donde Don Miguel era su Jefe.

Paciente, cariñoso, el señor Lanz, siempre estaba dispuesto a explicar lo que no entendía de las noticias internacionales que antes de los 10 años me fascinaban y que leía en los diarios ya empastados y empolvados de la hemeroteca, mientras mi papá escribía las noticias del día siguiente.

Don Miguel fue para mi papá una imagen paterna y un guía en sus inicios como periodista, tras adoptarlo como pupilo, siendo un adolescente que contrató inicialmente para ayudar en los mandados del Diario de Ensenada; al ver luego en mi papá el interés por las noticias, lo entrenó hasta convertirlo en reportero a principios de los 50’s

Luego en el proyecto de El Mexicano mi papá continuó en el Diario, al tiempo que se casaba y formaba su propia familia, Don Miguel y Esperancita su esposa fueron sus padrinos de boda. Años mas adelante uno del los hijos de Don Miguel, Joaquín se convertiría también en ahijado de mis padres.

Católico practicante, convencido de su fe y respetuoso de las creencias de los demás, Don Miguel era un hombre tolerante, culto, con un gran sentido del humor y pese a su edad sumamente activo.

Fue Don Miguel cuando estaba por terminar la Normal, para graduarme de maestra quien me ayudó a elaborar mi trabajo final en 1982 y luego cuando dejé el magisterio, quien junto con Célida Valdez me ayudaron a redactar las primeras notas para El Vigía en 1985.

Lo entrevisté en varias ocasiones y en muchas otras a lo largo de mi trabajo como reportera le consulté datos e historias.

Pero me quedaron con el señor Lanz varios pendientes. La última vez que platicamos, varias horas como ocurría siempre que estábamos un rato juntos, me habló de las noticias que cimbraron a Ensenada el los 50’s, entre ellas, el hallazgo de monedas de oro, cuando empezaron a quebrar el cerro de El Vigía donde se decía que hubo oculto un tesoro. Quedamos en volvernos a ver y no lo hicimos.

La muerte de Don Miguel, deja una huella imborrable para quienes lo conocimos, un vacío en el hogar en donde mantuvo la llama del amor encendida siempre por su esposa Esperanza, sus hijos, sus nietos y la pérdida de un guía para muchos otros.

Descanse en Paz.

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