Los pelos de la mula y el incendio

Cuando se quema tu trabajo.

Nota publicada el 13 de octubre de 2011
por Elizabeth Vargas

Una mujer llorando, bomberos sudorosos y llenos de cenizas, una ambulancia con dos personas con máscara de oxígeno recuperándose, hombres en silencio observando como el fuego y el humo envolvía su espacio.

No era solo un incendio, me lo recordó la mujer que lloraba. Traía puesto aún el mandil con el logotipo de su empresa. -Le pregunté porque lloraba-.

Supe al llegar que no había ningún lesionado grave, -es lo primero que preguntamos los reporteros-.

Sabía ya, que las pérdidas materiales de Woodland eran cuantiosas - No era necesario ser banquero o valuador, a veces con algo de sentido común es suficiente-.

El incendio tenía ya varios minutos y el fuego estaba controlado -Podría ser entonces el shock de una mujer luego de vivir una situación de estrés muy fuerte-.

-Pero no, no era eso, me equivoqué-.

La trabajadora lloraba por su empleo y por su patrón, por el responsable de la fábrica, y la crisis que este incendio le podría generar y el riesgo de que ese apuro dejara a muchos sin empleo.

-Yo no lo había pensado-

Entre lágrimas, la mujer me confió que tenían un buen trabajo y un buen patrón, que en la parte mas severa de la crisis económica que provocó el recorte de trabajadores en cientos de empresas de Ensenada, un año antes, su patrón batalló por que no hubiera recortes y lo logró.

No se perdieron empleos en la fábrica y eso mantenía la solidaridad entre la mayoría de los empleados y por supuesto la fidelidad a un buen jefe.

- Yo seguía sorprendida, es raro cuando un trabajador se expresa así, particularmente en una fábrica-.

Luego sonrió y me dijo, - pero bueno, dentro de lo malo a nadie le pasó nada, todos pudimos salir, solo una de nosotras que se quedó en el baño, pero la rescataron antes de que le pasara algo mas grave-.

Pero –reflexionó- Pudo ser mucho peor.

En efecto, el lugar era una fábrica de muebles de madera y metal, en ella había además solventes, combustibles y materiales inflamables.

Pero el lugar estaba bastante limpio y ordenado, lo único que desentonaba era el daño provocado por el fuego y los bomberos que tuvieron que despejar como pudieron para llegar al foco donde la lumbre amenazaba con extenderse.

De hecho, más de la mitad de la nave industrial resultó ilesa, parecía que allí no estaba pasando nada, Todo estaba en su lugar.

Pero la realidad fue otra, el calor que emite el fuego especialmente el que no se ve es terrible, tanto que derrite metales, calcina maderas, y traspasa muros.

Eso fue lo que hizo, en otra parte de la nave industrial, por momentos el riesgo mayor era el techo, particularmente algunas piezas de lámina acanalada transparente, que al ser de fibra de vidrio fueron alcanzadas por el calor y el fuego derritiéndose.

Estas al caer al suelo, formaba algo parecido a una estopa o una fibra metálica, de esa que se utiliza para tallar sartenes y las que no caían quedaron colgando como si fueran pedazos de trapo sucio.

Los bomberos tuvieron que evadir esas raras bolas de fuego que cuando caían se apagaban de inmediato, sin que dejaran de ser peligrosas.

El otro peligro, el que siempre es uno de los peores enemigos, el humo, especialmente cuando se combina con plásticos y metales y al aspirarse los pulmones, la garganta y las mucosas de la nariz duelen.

Sumado al peso del equipo, al calor del sitio y la intensidad de un trabajo realmente extremo, hace vulnerables a los héroes, dos de ellos, al grado de tener que recibir un poco de oxígeno para poder revivir.

Al final, el recuento de los daños, el recorrido por la zona de desastre con Protección Civil, por entre las piezas de metal y madera, bellísimas por cierto, y observar que todos lo extinguidores están en su lugar y que algo pese a las previsiones, simplemente falló.

Ahora, será interesante saber que pasa con esta empresa, que fondos podrán rescatarla y como será posible que pueda resurgir de las cenizas.

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